Jun 14 2014

Escribo

writeMuchas veces uno no tiene nada que hacer, y se pone a escribir, como otras personas se pondrán a tejer, leer un libro, o ver televisión. En realidad, esto de escribir es un poco como tejer, también. Y el leer un buen libro también tiene algo de tejer. Nos proyecta a mundos de los cuales hacemos parte. Reúne nuestras vivencias y memorias, y nuestro ser se expande mucho más allá de un simple estar aquí, que no siempre es tan pleno como cuando nos entregamos a estas actividades tan placenteras como reveladoras.

Escribir es para mí como un dejarme llevar a esas dimensiones más grandes con las cuales mi vida está entretejida. Esto me pasa también cuando leo. Vienen a mí recuerdos de mi infancia, la casa de adobe donde nací en el carril Sarmiento, en Godoy Cruz, Mendoza, Argentina, y todo el mundo de esos primeros años. En la lectura y en la escritura encuentro una expansión, y ahora recuerdo lo que Jorge Luis Borges dijera a respecto de los libros: que son extensiones de la imaginación.

También lo son de la experiencia y de la percepción. Por eso ahora, esta tarde en que escribo estas anotaciones, es como si me fuera otra vez a esos espacios infinitos pero bien conocidos, lugares en parte ya habitados por mí y por gente que conocí. Algunas de esas personas ya no están más aquí físicamente, pero no por eso su presencia es menor.

Cuando escribo y cuando leo, me reúno con partes mías con las cuales habitualmente no tengo contacto, o no tengo tanto contacto como cuando me entrego a estas actividades tan simples como enriquecedoras. Me recupero de cierta trivialidad que se puede haber ido infiltrando en el vivir, y experiemento la renovación de la vida que ocurre cuando la palabra toma la palabra, cuando la palabra va formando las frases que nos conectan con el presente eterno, ese que viene y sigue viniendo, viene y no pasa, está siempre aquí.


Aug 25 2013

Finalmente, el presente

No importa cuándo hayas nacido, cuánto tiempo hayas demorado para llegar a este instante en que, finalmente, conseguís estar todo aquí, o casi del todo aquí, con esa sensación sin igual, de estar finalmente en tu propio lugar, aquí, un lugar en el universo, en medio de la gente, en el tiempo y espacio. Esta mañana me desperté con una sensación nueva. Como si hubiera algo cambiado en mi vida. El presente estaba ahí, o yo estaba en el presente, no sé cuál es la expresión correcta.

El tiempo se había limpiado. Virgen otra vez. El día fue pasando, y esta sensación fue cambiando. De algún modo fueron entrando algunas limitaciones o condicionamientos, hábitos mentales del pasado. Pero no se pegaban tanto al presente. Interferían, sí, con la fluidez de tempranito, pero era como si no consiguiera romper lo nuevo que se había instalado en el día, en mí, en la vida. Antiguos hábitos reactivos, o una autocrítica excesiva, por ahí interferían. O las preocupaciones, el perfeccionismo, en fin, el batallón de choque del pasado. Pero el presente insistía, sigue insistiendo, se abre paso, viene llegando. O viene volviendo, porque la sensación es la de haber vuelto, la de estar volviendo, la de estar a veces por completo, en un tiempo puro, anterior, presente totalmente.


Oct 4 2012

El robo del tiempo

 Se había constatado, desde hacía ya una cierta cantidad de tiempo, que algún tiempo había desaparecido. Esto se pudo comprobar a partir de la situación de que, con el celular y la televisión, la internet y semejantes, las personas habían abandonado el presente. El presente, tan ansiosamente buscado en otras épocas, de repente había perdido casi por completo su valor. Las personas estaban unas cerca de otras, físicamente a veces, pero por completo ajenas unas a las otras y las otras a las unas, pues esto era recíproco y verdadero.

Entonces, así de pronto, de repente y como quien no quiere la cosa, el presente, nada más ni nada menos que el tiempo presente, lisa y llanamente se había ausentado. Y si el presente no estaba, si el presente, nada más ni nada menos que el presente, ausente estaba, imagínense ustedes cómo estaban las cosas, fíjense. Si como te digo, la gente estaba una al lado de la otra, pero cada una tan lejos, porque estaban hablando por el celular o pensando en los e-mails que habían mandado y que no sabía si se los habían contestado, y qué habrían dicho, o si sólo seguirían llegándole esas cadenas enfermas, haga esto y le pasará aquello.

O mire vea qué interesante lo que pasó no sé dónde. O entonces pensando en lo que te habían dicho ya, otros e-mails pasados, ya leídos e incorporados, en esa especie de diálogo contínuo, tan lindo, como si el mundo se hubiera transformado de pronto en un gran conventillo, como decía Ray Bradbury. Qué macana que se murió Bradbury, che, no te das cuenta. Y Carlos Fuentes, y Silo, Osho, no sé si me explico. La gente se va muriendo. Unos o unas antes, otros y otras después.

Y ya se viene acercando la vez de que te va a tocar saltar a vos, pero saltar adónde, che, no me vengas con estas cosas que no me quiero morir. Nadie quiere, pero se mueren igual, qué te has pensado. Y pensás que a vos no te va a tocar. A mí no, que ya me las rebusqué, ya sé cómo voy a hacer para no morir. Pero no se los voy a decir. Lo van a saber cuando no me vean más, pero sólo algunos y algunas van a saber qué pasó con éste que escribe estas cosas. Los escritores y escritoras no mueren, no sé si te has dado cuenta. Es muy lindo. Todo el mundo lo sabe. ¿Te fijás?


Mar 3 2012

Quietud

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esa noche el sueño no venía. ¿Dónde se habría quedado que no llegaba todavía? Dejabas estas preguntas que tal vez no tuvieran respuesta, pero te admirabas de haberlas hecho, y pensabas, ¿será que no tienen respuesta realmente? ¿Dónde están los sueños que no vienen? ¿Se han quedado en el país al que pertenecen? ¿pero no es que la vida es sueño? Si es así, aquí deberían estar. La noche. El calor. El ventilador. Mosaico. Miras la hoja delante de ti, y como en una ráfaga, pasan tantas hojas leídas, tantas hojas escritas. A veces las hojas de los libros y de los cuadernos forman como un abanico que se mueve a toda velocidad. Lo leído y lo escrito. El libro de la vida. Y tu libro en camino de publicarse. ¿Cuándo llegaría a las manos de los lectores y lectoras en papel? El pasado se hace presente. El estiércol de donde brota la flor del hoy. El amor. La gracia. El don de la vida. Adónde te llevarían estas indagaciones? El libro seguiría corrigiéndose, ya falta poco, piensas. Sí, ya falta poco. It won´t be long. Ella duerme. La televisión. Los días pasados. ¿Dónde está el futuro? ¿Dónde están los días que van a venir? ¿Estarían acurrucados en algún lugar del tiempo y del espacio?

Algunos recuerdos muy malos te visitan en marzo. Deben estar visitando la vida de tanta gente en Argentina. Quisieras no tener memoria de eso, pero está allí. Viene, y el sueño que no viene. Oyes el ventilador, el lento ruido giratorio refrescante. Cortázar. Borges. La página va avanzando, renglón a renglón. ¡Cuántos renglones desde tu infancia, desde que comenzaste a leer y escribir! ¡Cuántos escritos en cuadernos y en páginas de libros! El abanico de las hojas otra vez gira como u viento sin fin. Ves todo lo leído y lo escrito, y lo que aún escribirás y leerás. Pasa todo con velocidad. Vienen recuerdos de tiempos muy antiguos de tu vida. Lugares, gente, sentimientos, cosas. Todo va pasando como hacia un punto, y te preguntas qué punto es ese, qué puerta es esa. ¿Pasarás por esa puerta? Adónde lleva? La página se sigue acercando a su fin, y el ventilador, el calor, la noche, el insomnio, las letras que siguen bajando como gotas de agua llenando una botella. Un barco en la orilla. Te sientes así, desde hace varios días. Como un barco en la orilla, y el agua quieta.


Feb 17 2012

El día

Esta mañana me dí cuenta de que además del día que está, está también el día que se fue, o los días que se fueron, que forman como una especie de rebarba, un rescoldo, o algo así. Me pareció que uno podría llegar a engancharse en el día que está, dejando el día que se fue o el día que uno piensa que está ahí o debería estar, si aflojara las expectativas, si dejara fluir lo que viniera. El día fue pasando, el auto, la calle, la gente, el desayuno, el banco, el sindicato, y en ese ir del día que está, el día que fue o que suponía que debería estar, iban como que se entrechocando, como confluyendo, colaborando o chocándose entre sí, pero de maneras no muy chocantes, si me permitís el juego de palabras. Jugar, tal vez sea la clave, o una de las claves, pues lo que me va pareciendo, a esta altura del día, que el día que es, el día que fue y el día que podría llegar a ser, están todos aquí y no hay como desenredar la madeja a no ser en el aquí y ahora, en el estar siendo. ¿Me explico? Es muy lindo.