| Ambulantes
Por Rolando Lazarte, marzo/2005 Intentaría. Sí.
Una vez más intentaría guardar para sí las razones
–no tan recónditas—que le llevaban a volver a transitar el camino
de la Asociación de Moradores de los Ambulantes, en esa Mangabeira
tórrida de las dos de la tarde. Aninha y María llegando como
un ritual a la casa verde amarela da Rua da Mata. El susurro de los galhos
y el mar intermitente. Un reloj casi callado y el eco de las risas. El
clima de alegría. Furico se dice así. Es la parte mejor hecha
del ser humano. Para de tagarelar nesse celular e vamos embora. Celeste,
Djair se parapetaba del sol escaldante. Ramón en el aire. Su amor.
Esa su manera sin igual de dejarse en las palabras. Como un poeta. Bajar
de madrugada a escribir lo que los Maestros le dictaban. Nos dejó
su perfume. Esta sala. Exhala. El floral de madreselva, rocky water.
Flor de mamón. Digerir los rencores. El asfalto era una quentura
só y el laberinto abigarrado de ciclistas y ómnibus acelerados
indicaba que otra vez el cuarteto llegaba a la casa. La casa del pueblo.
Donde hace más de un año se recogen los moradores, la mayoría
mujeres, y la gente del PSF, a juntar sus pedazos. A juntarse. A cantar.
A bailar. A contar casos. Qué te hace sufrir. Una tela de araña
dibujada a giz en el piso repetía las grietas del cemento. Juntos
podemos. Solos impotentes. La televisión estaba ahí. Waglânia
al microfone. Doña y Don muñecos encenando climaterio y menopausa.
Andropausa. Ese calor que arde en las orejas. Hidrogimnasia es cara. Metete
al mar. Viejos rostros conocidos. Sonrisas. Abrazos. Nilda. Socorro. Denise.
Esos labios. La médica. Seu João. Canta el gallo y el sol
clarea. La entrevista disfraza la esperanza entrada en la sala mientras
el son de la mañana disipa las tinieblas del Día del Señor.
Había llegado tu quinto hijo. Max Weber en castellano. ¿No
sería un castellano? Monopolio. Rosario. Vamos a compartir un lanche.
Agua fresca en la tarde quente. Vânia. Teresía saludando al
sol y todos repitiendo. Saludando al cielo. Al mar. Al hermano. A la hermana.
Abrazos. No había mucho que contar. Recordaría Djair el remedio
del amor. Las risas y las charlas. Doña Zefiña, de cabelo
branquíssimo, vino a darme su bendición. Era. Sí.
Sería para siempre mamá. Abuelita. La virgen María.
Cristo. La fuente de la vida. Echa al mar tus penas. Están sanando.
Ya sanaron. Una presencia te merodea. Perdonas al llorar. Te protege. El
viento susurra que es tiempo de hojas y de trabajar. Cuatro días
de obediencia. Nada está perdido. No hay una cosa que no sea
una letra silenciosa…de la eterna escritura indescifrable cuyo libro es
el tiempo. Lejos de aquí los hijos. Las penas se alejan cuando
oigo Don João: Venho porque gosto. Me faz bem. Un mundo tan cerca.
Sin estridencia de militâncias. El canto cordial y el ruido de las
hojas te recuerdan. Hoy es veinticuatro. Día de María. Viaje
a Uruguay. No escribes pa´los diarios. Es un diarito de nós
mesmos. Bom día, Sol. Las cigarras se preparan para traer la lluvia.
Rolando Lazarte |