Voy a buscar a Graciliano Ramos

Por Rolando Lazarte, 10-10-2004
 

La mesa era el retrato. Al centro la vela ardía. Un vaso enlosado recibía su lumbre amarillenta pero lo más importante era la llama en sí: la vela y su llama como un mechoncito de luz bailando al son del viento.

Ahora Amaro Vaquero y Julián Tavares y la restia de luz que marcaba dúas horas. La luz de la vela es un chumaço de fuego que no me explico cómo pueda existir. Un perro arreliado ladra a más no poder en la cuadra de al lado, y el son de una guitarra embala las primeras horas de la mañana.

Deben ser como las ocho o un poco más. El ladrido no cesa y la guitarra prosigue. Trinos de pájaros diversos cosen melodías. El plato blanco guarnecido de cuadrados azules y amarillos refleja la luminosidad de la llama. Un viejo señalador se apoya en el toco que fabrica estalactitas como puede.

Una hoja en blanco encabeza: Jorge Luis Borges. Obra poética. Patas pa´rriba como una araña, la bicicleta de los anteojos visualiza no se sabe qué. Sin cabeza atrás, los óculos son sólo un anatema. Fonema. Ene más ene. Ne. Nené.

Gárate emplumado. Sardi nadie te dijo nada dada da. T´T´T´T´T´. Sueño con estampillas. Una caja de fósforos amarilla y roja. Una lapicera de fibra azul estirada cerca del plato con la vela. Hacia la pared del fondo, otra lapicera amarilla. Una marrón, otra verde. Una negra, otra roja.

Los anteojos para la playa. La mantilla rendada. Y el telefonema anónimo acechando. Mañana tengo que ir al BB y a la Caixa Económica. El anillo rojo rebrilla la luz de la llama de la vela. Una pila de libros con Tabaré encima. Abajo Jane Eyre y Van Gogh, de Cabanne.

La mesa era el retrato. Al centro la vela ardía. Un vaso enlosado recibía su lumbre amarillenta pero lo más importante era la llama en sí: la vela y su llama como un mechoncito de luz bailando al son del viento.

Ahora Amaro Vaquero y Julián Tavares y la restia de luz que marcaba dúas horas. La luz de la vela es un chumaço de fuego que no me explico cómo pueda existir. Un perro arreliado ladra a más no poder en la cuadra de al lado, y el son de una guitarra embala las primeras horas de la mañana.

Deben ser como las ocho o un poco más. El ladrido no cesa y la guitarra prosigue. Trinos de pájaros diversos cosen melodías. El plato blanco guarnecido de cuadrados azules y amarillos refleja la luminosidad de la llama. Un viejo señalador se apoya en el toco que fabrica estalactitas como puede.

Una hoja en blanco encabeza: Jorge Luis Borges. Obra poética. Patas pa´rriba como una araña, la bicicleta de los anteojos visualiza no se sabe qué. Sin cabeza atrás, los óculos son sólo un anatema. Fonema. Ene más ene. Ne. Nené.

Gárate emplumado. Sardi nadie te dijo nada dada da. T´T´T´T´T´. Sueño con estampillas. Una caja de fósforos amarilla y roja. Una lapicera de fibra azul estirada cerca del plato con la vela. Hacia la pared del fondo, otra lapicera amarilla. Una marrón, otra verde. Una negra, otra roja.

Los anteojos para la playa. La mantilla rendada. Y el telefonema anónimo acechando. Maãna tengo que ir al BB y a la Caixa Económica. El anillo rojo rebrilla la luz de la llama de la vela. Una pila de libros con Tabaré encima. Abajo Jane Eyre y Van Gogh, de Cabanne.

Voy a buscar a Graciliano Ramos.
 

Rolando Lazarte, Sociólogo (Doutor em Ciência) e membro do Grupo de Estudos e Pesquisas em “Saúde e Sociedade” da UFPB, autor de Max Weber: Ciência e Valores (São Paulo, Cortez Editora, 2001, 2ª edição). Contato: elzarat@yahoo.com.br
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