Amo
Por Rolando Lazarte

¿Quién no sintió necesidad de ajustar las cuentas con su pasado? Yo lo dejo para atrás con este libro. Nunca fui otra cosa que alguien que se busca a sí mismo. Las circunstancias me pusieron en la encrucijada, el deber talvez, de salir al frente y decir una historia. Contar unas cosas. Hoy sé que un pueblo las lleva adelante. Si me necesitan saben dónde encontrarme. La sociedad, la sociología, lo espiritual, la religión, la docencia, la literatura, salud mental, coisa e tal, son, fueron, serán caminos y apenas eso. Caminos. Modos de acceso. Vías de llegada. Me voy al lugar de donde no salí al dar la vuelta al mundo.

Contaré otras historias. Hablaré de mí. De los reflejos del lago, del Rosedal, los nísperos, la historia de Gibran, las Alas Partidas, Marx, la Risa, esa vida toda que salí a buscar al buscarme. Historias de chicas rubias y morenas que quise, que amé y no me amaron o lo hicieron a su modo. La historia barrió todo un pasado de amor que hoy vuelve, como vuelve el collar con la cara sacando la lengua grabado en hueso cuando hacía huelga de hambre a favor de mí mismo, a ver cómo me sentía. Mientras Carmelo iba al Correo Central donde funcionaba una dependencia de Ciencias Políticas. 

Y un mundo nuevo se abría. Se abre. Allá voy. Y vengo. Ya vine. Me fui. Mi buenos aires querido, ¿cuándo te vuelvo a ver? Yo sé que es importante la justicia. No tengo la menor duda. Pero como tampoco tengo la menor duda de que el Dios que nos gobierna y es el dueño de la vida sabe lo que hace, dejo, hoy once de enero de dos mil cinco, la tarea de hacer justicia, pues él sabe. Ella, es mi preferencia,. La prefiero mujer. Es más fácil amarla. No soy marxista, aunque amo la utopía comunista y siento el espíritu Cristiano vibrar en las páginas del genial judío revolucionario.

Recurro una vez más a Conciencia, vocês foram o lembrar de uma causa olvidada, Silo, un espejo, para cerrar la página setenta y seis de la historia que me tocó vivir. Sé que la causa que me sacó de la poesía era una causa noble. No olvidar los desaparecidos. Si Dios quiere lo que tengo que decir sobre esa historia saldrá en libro en algún lugar que pueda imprimir y difundir a bajo costo lo que un muchacho como yo, que ama Los Beatles y los Rolling Stones tiene a decir, si es que puede llegar a los kioskos sin ser rabia o rencor, odio o venganza. 

No odio al asesino, apenas prefiero el amor. Dejo un camino que no fue mío pero que me obligué a seguir por obediencia de vida. Deber. Lealtad a gente que anduvo conmigo y que aprendí a admirar. Seguiré soñando con un mundo fraterno, amigo, amable. El mundo que mis otros hermanos y hermanas, con los cuales me era más fácil hermanarme, porque eran menos duros, menos duras, ya no sé más lo que iba a decir. Me voy. Olvídenme si pueden. Seguiré queriendo. Queriendo saber quién soy.

Vuelvo al lugar de donde vine y de donde nunca debí salir. Cierro esta etapa con la sensación del deber cumplido. Bienvenida la vida, dondequiera que nos sorprenda, siempre que haya otras manos, otros brazos dispuestos a levantar nuestra bandera y llevarla hasta la victoria. No es la bandera de un partido, una iglesia, una ideología, una empresa. Es una bandera que ves cuando el sol brilla y los rayos reflejan en las gotas y se va tu mirada hacia lo alto y un puente de luz se dibuja en colores.
 
 

Rolando Lazarte, Sociólogo (Doutor em Ciência) e membro do Grupo de Estudos e Pesquisas em “Saúde e Sociedade” da UFPB, autor de Max Weber: Ciência e Valores (São Paulo, Cortez Editora, 2001, 2ª edição). Contato: elzarat@yahoo.com.br
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