| Vencedores
por Rolando Lazarte Punto final al Proceso. Tenía
que terminar. Cortala, che. Esto no te lo van a publicar. Quieren historias
tristes. Como vos te enamoraste del dolor. O el miedo que tenías
cuando paraba un auto en la puerta. O la gente que creías que te
quería matar o te estaba vigilando. ¿A quién le puede
interesar que te hayas transformado en un fabricante de noticias? Un escritor
que rehace la vida al borde del mar y en medio a cantos de pájaros.
Uno que oye músicas internas y externas y ve mariposas y flores.
Ya no estarías más pegado al dolor. Agradecerías haber
pasado esos años enfermantes, olvidados por la prensa venal del
mundo entero. Sólo porque no éramos –la mayoría—judíos.
Sólo porque ... a pesar del esfuerzo empeñado en destruír
el alma de un pueblo, ese pueblo se levantó y echó a la cumbre
corrupta el 21 de diciembre de 2001, al son de cacerolas. Entonces empezaste
a volver. ¿Te acuerdas? Sí, claro que te acuerdas. Son las
memorias de la nueva vida. Dos de febrero de dos mil dos. Yendo a la montaña
con María la voz interna: Volvió el camino. Te habías
ido de ti, de tu cuerpo, de tu país, con un pueblo, y volvías
con él. Esto no figuraría en ningún manual de Salud
Mental en el Mundo. Ni habría entidad de Derechos Humanos que
le diera bola. Por ser talvez una historia repetida. Una historia más.
Pero no olvidarías la cara de Ana Teresa al remarcar el proceso.
Ni la voz cariñosa de Marisa al reconocer que tuviste que irte.
Nadie sabría tanto. Ni tan lejos. Irse del cuerpo. Irse de sí
mismo. No ser. Pasaron años así, no sabes cuántos,
pero probablemente desde que la carta llegó anunciándote
que a los ojos militares eras subversivo. Empezaste a esperar que vinieran
a buscarte. Lo contado en “Argentina, ayer nomás” y “Sur, paredón,
y después”. ¿Contarían los argentinos sus triunfos?
¿Cómo consiguieron rehacerse después de la represión,
el dólar menemista-cavallista? Cómo consiguieron extinguir
el servicio militar obligatorio a fuerza de pulmón y marchas por
todo el país después del asesinato del soldado Carrasco por
torturas que le aplicaron en cuartel. Cómo vienen librándose
de los jueces corruptos instalados por el narcopresidente que impuso la
moneda estadounidense a su pueblo. Cómo calladamente los argentinos
fueron recuperando la noción de patria, de pueblo, el valor de sí
mismos, la certeza de ser autores de sus caminos como gente, como país.
La solidaridad como camino de reconstrucción frente a la indiferencia.
Lo valioso de lo gratuito. La decencia frente a lo que el dinero puede
comprar. No. Esta revolución no interesa a los medios. No hay muertos.
No hay derrotas. Es el triunfo silencioso de un pueblo que volvió
a ser para sí. No para el mandante. No para otro. Esto interesa
apenas a nosotros mismos. Argentinos de la diáspora. Y no hay uno
que no lo sea. Aún los que se quedaron. En la patria y en el cuerpo.
Seguirá llorando a lo tango y milonga. Porque la raíz viene
desde abajo y desde abajo se hace la pared. Como la flor. Pero ya no será
esa tibia rutina comiéndolo todo hacia la nada, hacia un mañana
hecho de repeticiones y olvidos. No. La prensa no se ocupa de lo humano,
hermano. Le gusta lo que chorrea sangre. Lo que es la nube intelectualista.
El rimbombar criticista que se complace en apuntar la podredumbre de todo
y todas las cosas. Es lo suyo. Lo nuestro, el vivir. En eso somos campeones.
No importa quién se lleve la copa. A quién le den los laureles.
Hay un lugar donde estamos orgullosos, nuevamente. En nuestra propia casa.
No importa dónde esté ella. Es el lugar donde vives. Ahora
no hay apuro. No más esa ansia de dar todo vuelta. De eso estamos
de vuelta. Ahora lo otro. Lo de siempre. El trabajo de hormiga, callado.
Continuo. Como el sol. Como el mar. No hubo errores, no hubo excesos. Son
todos argentinos los vencedores del proceso.
En 8-sep-2004
Rolando
Lazarte,
Sociólogo (Doutor em Ciência) e membro do Grupo de Estudos
e Pesquisas em “Saúde e Sociedade” da UFPB, autor de Max Weber:
Ciência e Valores (São Paulo, Cortez Editora, 2001, 2ª
edição). Contato: elzarat@yahoo.com.br
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