24 de marzo, again
Rolando Lazarte
Julio Cortázar, Después
hay que llegar, 1977
Uno de los efectos más nocivos de la violencia es la descalificación de las experiencias sufridas por los sobrevivientes cuando éstos intentan hacerlas del conocimiento público. Si los traumas que sufren a consecuencia de la guerra los individuos, comunidades y grupos seleccionados (mujeres, niños, minorías étnicas, etc.) sirven para legitimar la causa, se les debe mantener presentes en la conciencia del público. Por otro lado, los investigadores y políticos no deben permanecer silenciosos en relación con estos asuntos, sea en el plano nacional o en el internacional. Organización Panamericana
de la Salud, Salud mental en el mundo, 1997
Se acerca un nuevo aniversario de la mayor operación de intimidación colectiva de la historia argentina, la dictadura militar que asoló el país del sur dejando más de 30.000 desaparecidos y un pueblo marcado con las huellas del dolor negado. Las secuelas del terror de estado afectan a los sobrevivientes de distintas maneras. Hay quienes no quieren oír hablar del período en que la vida no valía nada en la tierra de Maradona y Gardel, Borges y Mercedes Sosa, Charly García y vos y yo. Personas que sufrieron detenciones ilegales en los centros clandestinos de represión que funcionaban en la Argentina del general Videla, alumno de la Escuela de las Américas, de donde egresaron Pinochet y Somoza también. Personas que fueron encapuchadas e interrogadas. Escucharon gritos de parientes torturados. Sufrieron agresiones sexuales. O simplemente tuvieron su nombre incluido en una lista de subversivos y calladamente pasaron a esperar su hora. Ha de instalarse un Tribunal Internacional de Justicia para juzgar a los ejecutores y mentores de la carnicería estatal en Argentina, para que se restaure el respeto a la ley y a la vida humana en un país donde el mandonismo oligárquico se acostumbró a la impunidad.
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