Mosaico – Un libro de Rolando Lazarte
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Por Luciano Ortega, enero de 2004


Cuando moría el milenio para dar paso al dos mil, casi en un gesto anónimo, íntimo, en la vieja casona del SUTE (Esquina Patricias y Godoy Cruz de ciudad) se llevó a cabo una exposición de cuadros que yo tuve el gusto de organizar y presentar:  “RAÍCES”.  Recuerdo que desde aquel “estallar en el cuadro” de su autor, ya se empezó a gestar “MOSAICO”, un libro parido palmo a palmo como una pintura vital de esta época que nos comprende, desde la perspectiva de un hombre desgarrado con su tiempo y comprometido con su interior hasta las últimas consecuencias.  Finalmente “MOSAICO” cobró vida y yo fui convidado a decir algo en una de sus páginas y presentarlo en Mendoza.

Quiero compartir en este artículo lo que está expuesto en esa hoja del libro:  “He aquí el nacimiento de “MOSAICO”, un lugar junto a Rolando Lazarte, una orillita singular que invita al viaje.  “...El camino ha vuelto...”, vale la pena mirarnos en el espejo de su huella, con raíces y alas, con ese ayer que reaviva el presente y promueve lo que vendrá, con la semilla que no fue mutilada, una semilla que conserva y preserva su canción, una canción que siembra, que le ganó por hoy su pulseada a la muerte.  Es necesario un punto de apoyo para mover el mundo, el nuestro.  MOSAICO propone su subjetivo modo de mirarnos, de detenernos, de apoyarnos, de tenernos en cuenta y escucharnos, de tocarnos la piel y el tímpano, nos invita a pararnos sobre esta baldosa móvil que propone el hoy, a ahuecar nuestro corazón para dejar que el día nuevo dibuje su faena y nos complete”.

Finalmente, llegó el momento esperado, el pasado 5 de enero vivimos la fiesta de presentar el libro en Mendoza, a la que concurrieron un grupo de amigos, fue en LA CASA DEL BIODANZANTE (Pasaje Lemos 647 de ciudad).  Para la invitación, en el comunicado de prensa escribí, y vale la pena transcribirlo textualmente:  “Rolando Lazarte de profesión sociólogo, artista plástico y escritor, radicado desde el año 77 en Brasil, en MOSAICO, al igual que SIQUIS hace un viaje hacia el infierno mismo de sus vivencias, hasta encontrar sus raíces vitales y retornar con el color y las semillas intactas para reinstalarlas en el hoy, asumiendo su propio mosaico existencial, sus dones, invitándonos a juntarnos en un cuerpo común, para festejar el canto y el misterio de habitar la vida viva en el planeta.  MOSAICO, a través de poesías, de artículos y reflexiones nos obliga a recorrer sin concesiones los intrincados universos interiores del autor y de una época de la Argentino que es necesario contar.  Rolando se arriesga a repasarla y contarla, para que de ese modo retorne el camino del renacer”.

A esta altura de los hechos, ya el libro nació y fue presentado en sociedad, es tiempo de meternos en él y husmear en alguno de sus renglones.  En “Sur, paredón, y después”, Rolando nos obliga a ingresar a la pesadilla de un tiempo que le tocó y nos tocó vivir, nos hace recorrer aquel averno, pero no se queda ni nos deja allí, ya que desde el fondo de ese oscuro y tétrico laberinto nos sugiere volver:  “Volver.  Hasta Perón volvió.  Por qué usted y yo no volveríamos también.  Volver a la vida, sí.  Con alegría.  Con certeza, con la misma fe y alegría anterior a la carta.  Los carteros se atrasan, algunas veces.  Podría ser una dirección errada, o no.  ¿Cuál sería la dirección correcta?  Lotería de los sueños.  La vida es un sueño.  Somos sueños.  Lo que parecía haberse incrustado perversamente en el cuerpo, en el alma y en el corazón, un día se empieza a evaporar.  Lo vemos de otros modos.  Un día percibimos que somos nuevamente nosotros.  Nada cambió.  La misma alegría, la misma fe, la misma inocencia.  No hay operación sin dolor, y aun con dolor, la vida es y será bonita.  Siempre fue y siempre será.  Y no hay maniobra de nada ni de nadie que pueda distorsionarla”.

En otro tramo del libro Rolando se asume como un “fabricante de noticias” y desde ese gesto hace surgir el poema:  “Yo soy un fabricante de noticias, en vez de / Informar, reformo. / En vez de inventar, manoseo con mis manos los recuerdos. //  Memorias llaman memorias.  Rehacerse.  Revivir / lealtades, afectos, lugares.  Visitar el lugar / imaginario donde reside la vida. // Respirarse al respirarlo.  Recomponerse después / de todos los astillazos.  Ponerse agua y barro. / Ponerse al sol. // Mirar las florestas diminutas al pie de la palmera. / Sentir la mosca subiendo por la espalda. / No, es una hormiga.  Era. // El pío del pájaro en el árbol de al lado. / La radio subiendo por el aire y otro canario allá / arriba.

El poeta en MOSAICO tiene plena conciencia del poderio que implica el atreverse y manifestarse:  “Tengo mi cuaderno / como otros tienen una guitarra / o un piano. // Cuando estalla una plegaria / bajo a las líneas y canto / aunque en silencio. //Canto / mientras / cuento. // No estoy solo si sopla el viento / en mi pecho y el renglón / recibe las letras como notas // Canción. / Para nadie / Para mi / Porque sí”.

Y ya que de manifestar se trata, Rolando Lazarte nos manifiesta en el último poema del libro su “Vocación”:  “Entonces, pensó, sería hora de contar esa historia / gracias a la cual estaba vivo. // Una historia de amor. Recordó el brillo de esos ojos / que sonreían al mirar. / Había atravesado el continente / para encontrarla y ahora estaba allí, delante de sus / ojos, en la clase de Mestrado em Enfermagem. // Soy una fuente de agua, vio en su corazón.  Supo que / era ella. // Recordó otro tiempo. / Un tiempo de elegir un camino / de amor.  Khalil Gibran.  Luciano Ortega. // La toma de la facultad.  Cafh. / Año 60 que para muchos se extendió hasta 1973. // Un tiempo de esperanza. / Tiempo de agarrar la vida y dale corazón. / Vocación. Cristo. // Después vendrían Puente del Inca y las flores en la / montaña de piedras. / Orar con los compañeros. // Confiar en Dios y entregarse a Él. // Seguir sus caminos de verdad, en silencio. // Y el retorno de la locura. / El regreso de la desaparición en vida. / La vuelta a la vida en la / mágica casa de Pacheco. La frontera de la razón.  Un / camino que volvía. Sur, paredón, y después.// Recuperar padre y madre. / Hermano en un vuelo en busca / del sol. / Los hijos cuando se fueron atrás del horizonte. / Diogo cuando se fue a prepararnos un lugar. Y en este / 2003 un retorno a la tierra prometida donde siempre brilla el sol. / El lugar donde Dios se escondió. Entre los pobres; / junto a los compañeros de la Pastoral Social. / En medio de un silencioso ejército de amor que crece / como levadura.  Era la vocación que llamaba de / nuevo.  Era volver a los dieciséis. / Era redimir todo el / dolor.  Todo el llanto. Todo exilio. / Era volver a casa. // Ya nada importaba. // Entonces escuchó las palabras de Gibran una vez más: / “Y no pretendáis dirigir los caminos del amor, pues el / amor si os hallare dignos, dirigirá vuestros caminos”. //Era el ocho de julio de 2003”.

Podría yo en estos trazos seguir hurgando en las entrañas del libro, ir y volver por sus vericuetos y entrelíneas, pero aquí me detengo e invito a que cada uno haga su transito personal con las páginas de MOSAICO.  “El camino ha vuelto”, nos dice Rolando; entonces surge la pregunta:  ¿Nos atreveremos a caminarlo desde el hoy que nos toca, junto a nuestro hijos y con la memoria de los abuelos, esos que nos dieron la semilla, y que de cada uno de nosotros depende que no sea mutilada, para que crezca desde la raíz y se convierta en árbol, proceso indispensable para que la vida digna en el planeta sea posible y nos permita bailar lo singular en la trama de un cuerpo comunitario?
 


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