| Rompecabezas
Rolando Lazarte, 23 de octubre, 2003 Hay momentos en la vida en
que necesitamos montar nuestro rompecabezas. Colocar nuestras piezas en
su lugar. Lugares cambiantes, según los momentos y los estados de
nuestra alma. Piezas cuyos lugares van cambiando según las memorias
evocadas en cada momento. Dibujos distintos. Ninguno final. Pero una sensación
de consistencia, una certeza de sentido se van afirmando. Y aunque no podamos
en una sola palabra o frase resumirlo todo, lo intentamos. Y en esos intentos
y errores, cuando la pieza esencial se encaja, ya no importan los arreglos.
Hay certeza de unidad. Unidad inaprehensible por los códigos convencionales,
aquellos en que las palabras y su ensamble pertenecen a lógicas
comunes. Palabras como monedas pueden producir reflejos aproximativos.
También engañosos. Pero en uno y otro caso igual nos aproximan.
Igual reconfirman lo que ya está dado en la interioridad de nuestro
ser. En la cotidianidad de nuestra vida. En la secuencia de acontecimientos,
estados de ánimo, hechos... Entonces la certeza interior de estar
en el camino cierto, en nuestro propio camino, se impone. Y el entramado
de raíces y ramas en que está tejido no lo desdibuja: lo
reafirma.
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Lazarte | Opinião
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