| Vocación
Rolando Lazarte Entonces, pensó, sería hora de contar esa historia gracias a la cual estaba vivo. Una historia de amor. Recordó el brillo de esos ojos que sonreían al mirar. Había atravesado el continente para encontrarla y ahora estaba allí, delante de sus ojos, en la clase de Mestrado em Enfermagem. Soy una fuente de agua, vio en su corazón. Supo que era ella. Recordó otro tiempo. Un tiempo de elegir un camino de amor. Khalil Gibran. Luciano Ortega. La toma de la facultad. Cafh. Años 60, que para muchos se extendió hasta 1973. Un tiempo de esperanza. Tiempo de agarrar la vida y dale corazón. Vocación. Cristo. Después vendrían Puente del Inca y las flores en la montaña de piedras. Orar con los compañeros. Confiar en Dios y entregarse a Él. Seguir sus caminos de verdad, en silencio. Y el retorno de la locura. El regreso de la desaparición en vida. La vuelta a la vida en la mágica casa de Pacheco. La frontera de la razón. Un camino que volvía. Sur, paredón, y después. Recuperar padre y madre. Hermano en un vuelo en busca del sol. Los hijos cuando se fueron atrás del horizonte. Diogo cuando se fue a prepararnos un lugar. Y en este 2003 un retorno a la tierra prometida donde siempre brilla el sol. El lugar donde Dios se escondió. Entre los pobres; Junto a los compañeros de la Pastoral Social. En medio de un silencioso ejército de amor que crece como levadura. Era la vocación que llamaba de nuevo. Era volver a los dieciséis. Era redimir todo el dolor. Todo el llanto. Todo exilio. Era volver a casa. Ya nada importaba. Entonces escuchó las palabras de Gibran una vez más: “Y no pretendáis dirigir los caminos del amor, pues el amor, si os hallare dignos, dirigirá vuestros caminos”. Era el ocho de julio de 2003. sobre o
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